Amenaza con aparatado explosivo en domicilio de funcionario de Defensa

Fue el viernes a la noche en un edificio en el vivió José Luis Vila, un ex SIDE que ahora es subsecretario en Defensa.

El Gobierno intenta hacer pasar desapercibido el artefacto explosivo que apareció en la noche del viernes en la avenida Callao, entre Arenales y Juncal, en plena Recoleta. Se trató de medio kilo de trotyl (una libra, en el argot), un material típicamente militar, puesto frente al edificio en el que vivía, hace diez meses, un funcionario actual del Ministerio de Defensa. Junto a la caja había un mensaje: José Luis Vila ladrón, escrito con recortes de diario. Vila es un hombre que se considera cercano al dirigente radical Enrique “Coti” Nosiglia que estuvo durante muchos años en la SIDE, revistó también en áreas de Seguridad y tiene como apodo, llamativamente, “El Garca”. Las hipótesis son muchas: un conflicto por negocios en la compra de material militar, una pelea por la inteligencia en las Fuerzas Armadas, una amenaza por un plan para que los uniformados intervengan en tareas de seguridad y combinaciones de todas esas alternativas.

Vila es subsecretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa, es decir, ocupa un lugar de importancia en la cartera a cargo de Oscar Aguad. Es cordobés, igual que el ministro. Vivía en el edificio de Callao 1219 hasta el año pasado por lo que debe considerarse que el explosivo no estaba destinado a causar daño sino que fue una amenaza. Quien es capaz de conseguir es cantidad de trotyl tendría también la capacidad operativa para saber que el funcionario ya no vive ahí y que, además, estaba en una misión en Madrid. El artefacto está siendo analizado porque en principio no tenía detonador, pero una libra de trotyl puede matar a todo el que pasa cerca, hacer volar por el aire un automóvil y producir daño en un edificio. En 2017, en el metro de Moscú, con 200 gramos de trotyl mataron 11 personas. El otro indicio de fue una amenaza es que si en la caja se dejó un cartel con la leyenda “José Luis Vila Ladrón”, el objetivo era que se leyera el cartel, no que estallara.

Desde un punto de vista técnico, el trotyl es un explosivo militar y que en la Argentina se encuentra en los polvorines de distintas unidades. Lo más probable es que haya sido robado de alguno de esos depósitos. En el parte policial que se levantó, después de una llamada al 911, consta que se utilizó un cañón de agua para desactivar cualquier peligro.

Vila revistó durante muchos años en la ex SIDE, adonde ingresó en tiempos de Raúl Alfonsín. El mismo decía que respondía a Nosiglia y durante buena parte de su trayectoria en Inteligencia se consideró a sí mismo cercano a Antonio Jaime Stiuso, aunque en los últimos tiempos del kirchnerismo argumentó que se habían peleado.

Lo cierto es que durante buena parte de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, Vila fue delegado de la SIDE en Washington, es decir, el hombre de carrera de la inteligencia argentina que establecía el contacto oficial con la CIA. Sobrevivió junto a Stiuso hasta que, en 2015, el secretario de la nueva AFI, Oscar Parrilli, lo mandó a su casa. No fue por mucho tiempo: Julio Martínez primero y Oscar Aguad después, ambos ministros y ambos radicales, lo ubicaron en un puesto estratégico en Defensa.

Estas son las hipótesis que se manejan y que quedarán en manos del juez federal Sebastián Ramos, el que investigará el caso:

El propio Vila, en La Nación, admitió que se trata de una amenaza de militares. No obstante, aseguró que no es producto del conflicto salarial sino una disputa por el área de Inteligencia. Durante el gobierno anterior se habló mucho de la supuesta existencia de un aparato de inteligencia del Ejército, dominado por el general César Milani. El tema motivó causas penales, con Patricia Bullrich y Laura Alonso como denunciantes. Nunca se comprobó nada ni se encontraron las sedes desde las cuales supuestamente se espiaba a la gente. Ahora, en cambio, parece que hay una fuerte disputa por ese puesto y ese presupuesto. El mismo Vila dice que le pusieron el medio kilo de trotyl por esa razón.
De todas maneras, la nota que vino con el artefacto explosivo –“Vila ladrón”– no hablaba de inteligencia sino de maniobras económicas. En ese sentido, la investigación podría orientarse más bien hacia las compras de materiales militares, en especial armamento. El tema ya produjo un escándalo cuando se develó que los diputados Eduardo Amadeo, Luciano Laspina y el ex ministro de Defensa, Julio Martínez, fueron imputados por una tentativa de compra a Estados Unidos de material militar de rezago por nada menos que dos mil millones de dólares.
Las versiones más conspirativas hablan de otras razones: peleas por la intervención de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad, promesas de recomposiciones de mandos e incluso confrontaciones con el aparato de inteligencia de la AFI.
Tal vez el dato más llamativo de lo ocurrido es cómo el gobierno le bajó el tono y ocultó un hecho que con cualquier otra administración hubiera producido una verdadera conmoción. No es difícil imaginar las tapas de los diarios si la caja con explosivo aparecía en Recoleta durante el gobierno anterior. A simple vista se percibe que la Casa Rosada y el Ministerio de Defensa se preocuparon por amortiguar el impacto, silenciar la repercusión y tratar de que el trotyl no deje rastros del olor que despide: a operaciones económicas non sanctas y operaciones de inteligencia ilegales.

Fuente: Raúl Kollmann para Página 12